domingo, 26 de agosto de 2012

LA VENGANZA


LA VENGANZA

Dicen que la venganza se sirve siempre fría.
Y eso fue exactamente lo que hizo Pedro: preparar con frialdad su venganza contra Julián.
 Pedro era un chico menudo, de piel blanca, grandes ojos oscuros y cabello negro acaracolado. Era tímido y siempre procuraba evitar los conflictos. Su amigo Julián, en cambio, era duro, retador, a veces cruel. Llevaba el pelo siempre muy corto y le gustaba vestirse con ropa militar.
Pedro y Julián estudiaban en el mismo Instituto y, a pesar de que habían sido buenos amigos en su infancia, se fueron alejando en la adolescencia por lo diferente de sus caracteres.
Desde el primer día de clase Julián escogió a los chicos más violentos y rebeldes como amigos. Formaron un grupo que era la pesadilla de sus compañeros e incluso de los profesores. Su naturaleza dominante le permitió erigirse en líder del grupo y era él el que ideaba lo que ellos consideraban “sus hazañas”; acciones generalmente vandálicas, cuando no crueles. Destrozaban el mobiliario a patadas, humillaban a los profesores más jóvenes e inexpertos y, por supuesto, abusaban de los alumnos más débiles.
En una ocasión Pedro presenció cómo Julián le decía a un chico tímido y gordito:
–¿Qué prefieres, bola de sebo, que te dé una bofetada o que mañana me traigas 100 euros?
El chico se quedó desconcertado, miró al suelo y, casi sin voz, contestó:
–Una bofetada.
Se la dio tan fuerte, que el niño fue a parar al suelo y perdió las gafas. A Pedro le dieron náuseas, pero no dijo nada.
Debido a su timidez Pedro no tenía amigos y casi siempre estaba solo, leyendo libros de E. A. Poe que había descubierto en la biblioteca y que se convirtieron en su gran pasión. Llegó a ser para él casi una obsesión, los leía una y otra vez. Siempre llevaba encima algún ejemplar que se veía manoseado de tanto leerlo. Había un cuento que le gustaba especialmente: “El pozo y el péndulo”. Sentía un enorme placer al recordar los pensamientos del torturado viendo cómo el péndulo iba bajando muy poco a poco y acercándose a su corazón.
El carácter apacible de Pedro se fue transformando a medida que acumulaba odio contra Julián y su pandilla. Como en el cuento de Poe, a él también le empezó a gustar hacer las cosas despacio, saboreándolas, cuando le daban placer.
Julián no perdonaba a Pedro que se hubiera alejado de él, pero sobre todo odiaba las miradas de desprecio que le lanzaba cuando se cruzaban, sin decirle una palabra. Por eso era a menudo el blanco preferido de las fechorías de su grupo. Una tarde Pedro leía sus relatos en un banco apartado del parque, en su barrio. Julián le vio desde lejos y decidió que era el momento de escarmentarle. Le rodearon rápidamente y cuando Pedro quiso darse cuenta ya no pudo huir. Le propinaron una tremenda paliza que le tuvo una semana sin poder ir a clase.
El día que volvió, Julián se acercó él y le dijo en tono chulesco:
–Qué, no te habrás chivado, ¿verdad? 
Pedro no contestó. Dirigió a Julián una mirada de profunda aversión y se dio la vuelta. A pesar de su silencio, Pedro iba acumulando resentimiento en su interior.
–¿Adónde vas, mariquita? ¿Nos tienes miedo?  
Pedro siguió alejándose.
–¡Mirad al mariconazo éste! Le damos una paliza de muerte y ni siquiera es capaz de enfrentarse a nosotros.
Desde ese día, cada vez que le veía, Julián se dirigía a él insultándole: “¡Nenaza, cobarde, chapero!” 
El odio de Pedro fue creciendo y empezó a pudrirle las entrañas. Pero callaba, y cuanto más crecía su insidia hacia Julián, más fácil le fue ir tejiendo su propia venganza.
Se dio cuenta de que de vez en cuando, Julián se escapaba de clase para esconderse a fumar en el gimnasio. Solía ir solo para pasar más desapercibido. Y esa fue la que Pedro pensó que sería su oportunidad.
Cuando Julián se despertó, le dolía la cabeza. Fue poco a poco tomando conciencia de que estaba completamente inmovilizado. Le habían atado a una silla desvencijada con cinta adhesiva desde la cabeza hasta los pies; no podía moverse. Lo intentó, pero fue inútil. Tampoco podía gritar: también llevaba cinta adhesiva en la boca. Estaba aterrado. Recordó que estaba en el gimnasio cuando sintió un fuerte golpe en la cabeza. La oscuridad era total, solo se veía una leve línea de luz que pasaba por debajo de la puerta. 
Al cabo de un buen rato, la puerta se abrió y Julián solo pudo ver al contraluz una silueta que entraba. Pedro encendió una linterna y la dirigió directamente a los ojos de Julián. Le cegó, llevaba ya bastante rato sumido en la oscuridad. Intentó hablar, gritar, pero no pudo. Pedro se reía quedamente, para sí mismo, mientras lo contemplaba con placer.
Al reconocer la voz de Pedro, Julián volvió a intentar inútilmente moverse y gritar. Pedro se acercó muy despacio, sin dejar de enfocarle con la linterna y reírse con cierta perversidad; luego, cuando estuvo a pocos metros de él, puso la linterna en el suelo, de manera que Julián pudiera verlo bien.
Mientras el otro seguía intentando gritar y librarse de sus ataduras, Pedro sacó muy despacio un cúter del bolsillo, lo abrió con un lento movimiento del pulgar, se acercó un poco más y se lo puso a Julián delante de la cara. Este abrió unos ojos enormes, presos de pánico, empezó a mover la cabeza hacia ambos lados y a llorar.
–¿Quién es el mariquita ahora, Julián?
Con un gesto rápido le quitó la cinta de la boca y cuando Julián la abrió para intentar gritar, le sujetó la lengua con la otra mano y se la cortó. Le ató un trapo en la lengua cortada para parar la hemorragia y, al mismo tiempo, acallar sus gritos. Tuvo la precaución de coger el trozo de lengua cortado. ”Ahora hacían maravillas reimplantando miembros”, pensó. Lo envolvió en un pañuelo y se lo guardó en el bolsillo. Llamó a emergencias con un móvil desechable y se fue.
Al pasar por una alcantarilla tiró el trozo de lengua y el móvil.
Esbozando una malévola sonrisa pensó: “Este nunca más volverá a insultarme.”

19 comentarios:

  1. ufffff que rabia tenia para tener tan bestial venganza. Besitos

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    1. Chus, es que a veces le sale a una la vena más terrorífica. Será que el haber trabajado toda mi vida con adolescentes me ha dado una imagen un poco "durilla" de algunos de ellos. El próximo será más suave. Besitos y gracias por la visita.

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  2. Bueno Marta, veo que haces esfuerzos para ser cada vez más gore, ja,ja. La verdad es que el relato está bien construído, aunque en mi humilde opinión es poco sorpresivo pese a ese final. Me ha recordado un poco, supongo que por el tema del maltrato y venganza a la peli de "dejame entrar", aunque la película trata muchos otors temas (de hecho es de vampiros). Si no la has visto te la recomiendo mucho, de verad. Por cierto, el video del encabezamiento no se ve. Un beso.

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    1. Voy haciendo mis pinitos, aunque a ti lo que te hubiera gustado es que lo cortara en trocitos ¿no? Bueno, en serio, es cierto que el final no es sorpresivo, es lo que más me cuesta en los relatos, se me ve el pelo demasiado pronto. En este quería sobre todo trabajar en la evolución del personaje por influecia de las lecturas de Poe. Pero claro poniendo a Poe y al péndulo ya se sabía por dónde podría ir la venganza. Me apunto la peli, he visto que está en Youtube entera, he visto el tráiler y tiene buena pinta. Besos

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  3. Casos que suceden cada día. Se comprende el odio alimentado por Pedro, finalmente se iguala a Julián !la venganza es mía! y ahora uno del otro no de diferencian. Poe da mucho de sí para una mente creativa, "el péndulo de la muerte", peli de las buenas, factoría Hammer. Llevar a la práctica sus métodos es otra cosa, todo hay que decirlo, pasa, sucede, como aquel que se sube a un tejado y dispara, o el otro que entra en la clase y liquida a sus compañeros. Falla mucho este sistema, la culpa, de todos.
    Buen relato en la línea de terror cotidiano escrito con buen saber. Besito.

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    1. Hola, Natalí. Nosotras mejor que nadie sabemos lo crueles que pueden ser los adolescentes y a Pedro, de tanto leer a Poe, se le fue la olla. No hubiera querido yo encontrarme en esa situación, aunque aquí, todavía, como no tienen armas, no hay matanzas, pero todo llegará. Gracias por el comentario. Besitos.

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  4. El peligrosisimo acoso escolar. Lástima que en la escuela ni en el hogr se percataran del abuso de Julina hacia Pedro o la extraña conducta de Pedro sólo leyendo novelas de Poe. Buen tema!

    un abraxo!

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  5. Gracias por tu visita, Marilyn. Rara vez el acosado denuncia al acosador por miedo a las represalias, así funciona desgraciadamente.
    Besos.

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  6. Resultó aún más perverso en aparente "tontito"...si bien fue el otro quien regó su sed de venganza, el monstruo que saló de su interior superó la maldad y cobardía de su "maestro".
    La violencia sólo engendra más violencia...pero nunca la justifica.

    Un abrazo

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    1. Hola, Neo.Estoy de acuerdo contigo respecto a la violencia. Este relato traspasa un poco los límites, pero es una realidad que cada vez es más frecuente en los institutos. Besos y gracias por la visita.

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  7. No por previsible el final, deja de ser estremecedor. Creo que ambos son unos cobardes; el matón por buscar riña con los débiles, y la mosca muerta por actuar a traición.
    Yo le hubiera buscado un final de esos de devolver bien por mal, haciendo un poco de pedagogía, por la que el matón se diera cuenta de que con malos actos, nunca se llega lejos.
    Pero ya sabemos que la ficción casi siempre se queda corta ante la realidad.
    Salu2.

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    1. Hola, Alfredo, me alegra verte y leerte. Este relato no admitía ese final que tu propones pues el objetivo era tratar la crueldad a la que a veces llegan los adolescentes y el tema del acoso escolar. Aunque reconozco que mi final es muy cruel, pero como tú dices, la realidad...
      Recuerdo el caso de dos chicas que mataron a una compañera sin ningún motivo "por pura maldad". Muy triste.
      Besos.

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  8. La violencia emerge de una serie de traumas sin resolver, o al menos eso dicen algunos psicólogos y eso entiendo de tu post. Ahora quizá podríamos discutir si aquello que sostenía Sócrates sobre la bondad innata del ser humano o su alter ego cuando hay ignorancia, es así, o quizá quien tenía razón era Hobbes y aquello del Lobo.

    Un beso

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    1. Pues Valaf, yo soy más proclive a pensar que no nacemos "condenados" a ser violentos excepto, evidentemente, en el caso de patologías mentales graves. Tenemos, eso sí, un germen que se desarrollará, o no, en función de las vivencias de cada individuo. El entorno en el que se vive en la infancia es decisivo, pero creo, como en mi relato, que ese germen puede surgir en cualquier momento si alguien lo provoca o lo estimula. Aquí se dan las condiciones para que un individuo se vuelva violento en respuesta a la violencia a la que es sometido. Pero no es ese siempre el caso. ¿Por qué unos sí y otros no? Se lo dejo a los siquiatras.Besos.

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  9. Amiga Marta, creo que el final va en la línea correcta porque Pedro lee a Poe y es un chico acosado por Julián y su violenta pandilla.
    Cuando el joven recibe la paliza va planeando la venganza que yo creo que Julián se merece (el que la hace que la pague).
    Dicho esto Marta, el relato me parece que necesita un mejor final. Me refiero que los lectores ya sabemos por el inicio que va de venganza, que alguien se va a vengar tomándose su tiempo y procurando salir "ganador" o airoso del asunto. Pues bien, es difícil pero necesitamos un final más sorprendente; sí. vale que ya nunca le va a insultar pero Pedro, majo, que te van a pillar, que Julián dirá que fuiste tú el que le cortó la lengua y te va a caer toda la fuerza de la ley. Que no digo yo que no te lo merezcas pero Pedro, lector de Poe, la venganza perfecta es más sibilina, creo yo.

    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.

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  10. Sí, creo que tienes razón. El final no es ni sorpresivo ni suficientemente "sibilino", quizás porque yo misma tampoco lo soy. Ja, ja! Pero estoy experimentando todos los géneros para encontrar aquel con el que mejor me siento, y me temo que, por mucho que haya leído a Poe, el de terror no es el mío. Creo que lo primero que debería hacer es cambiar el título. También revisaré el final a ver si consigo hacerlo más creíble, más sorpresivo también. No me gusta dejar los relatos cojos. Y, de hecho, si los publico en el blog es para que los demás me ayudéis a ver los fallos que yo no veo. Gracias por tu ayuda, Mos. Besos.

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  11. Hola, soy Mos. En esta ocasión vengo por aquí para llamar tu atención sobre una nueva entrada en mi blog que me gustaría que leyeras.
    Un abrazo de Mos desde la orilla de las palabras.
    P.S. En otro momento volveré por tu blog con la atención que te mereces.
    Hasta pronto.

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  12. De acuerdo Mos, lo leeré y te daré mi opinión. Pero ya mañana, para mí ya es tarde.
    Besos,
    Marta

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  13. Bueno, como sabes creo que la segunda versión es mucho más interesante. Ese final menos explícito y más abierto le da una dimensión diferente. Lo tuyo, el coger tu texto y asumir que según el comentario de dos capullos puedes mejorarlo, es muy grande y demuestra mucha humildad. Un beso.

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