sábado, 10 de enero de 2015

...Y EMPIEZO UNA NUEVA.





LA NOCHE ES TUYA 



El taxi se detiene delante de un pequeño edificio de dos plantas en el que está situada la emisora de radio Amistad FM. Alberto sale disparado; acaban de dar las señales horarias de las doce. Le quedan apenas dos minutos: el tiempo de la cuña publicitaria y la sintonía del programa que presenta, “La noche es tuya”. La emisora está desierta a esas horas. Sube las escaleras de dos en dos y se precipita hacia el estudio que ya tiene la luz roja encendida. Se sienta y se pone los auriculares, procurando no hacer ruido, en el preciso momento en que el técnico de sonido le da la señal de entrada con la mano, mientras le dice por los auriculares:

─¡Vaya morro tienes, tío!

Alberto le dedica una sonrisa irónica. Está harto del programa, del realizador y de esa patética emisora de la que está deseando largarse. Pero, claro, quién desprecia hoy en día un trabajo fijo, aunque sea una mierda.

Empieza a leer la misma entradilla de cada noche en el ordenador que tiene sobre la mesa. Se acerca al micrófono: modula su voz con el tono afectado y melifluo que le ha impuesto el realizador y que le parece ridículo, incluso para un programa así:

─¡Buenas noches, amigos y amigas! Os saluda Alberto Saavedra. Como cada noche de lunes a viernes, nos acercamos a ti a través de las ondas para darte la palabra. Queremos compartir contigo aquel problema que te angustia; estar a tu lado en esos momentos de soledad; llenar estas horas, quizás tristes, de compañía y de amistad. Porque ya sabes que “la noche es tuya”. Os recuerdo nuestro número...

Por los auriculares le indican que hay una primera llamada; es un hombre que no ha querido dar muchos detalles sobre sí mismo ni el motivo por el que llama.

─Pero me comunican que ya tenemos la primera llamada. ¡Buenas noches, amigo! ¿Nos dices tu nombre?

Al otro lado de la línea se oye una voz ronca y profunda, como salida del mismísimo infierno.

─¡Y a ti qué coño te importa!

Alberto, que hasta ahora se recostaba en el sillón dispuesto a soportar estoicamente aquellas ridículas conversaciones, se incorpora de un salto y mira a sus compañeros detrás del cristal. La hondura de la voz los ha sobrecogido a todos. Pero Alberto reacciona al momento, él no es un novato; sabe cómo deshacerse de esos imbéciles que no tienen otra cosa que hacer:

─Perdona, ¿cómo dices? ¿No quieres darnos tu nombre?

─¡Llámame como te dé la gana, a mí qué...!

─Bueno..., amigo..., tranquilo, es lo de menos. Estamos aquí para escucharte ─intenta mantener un tono sereno─. Creo que estás atravesando momentos difíciles. ¿Cómo podemos ayudarte?

Alberto no puede ni imaginar lo que ocurre al otro lado de la línea. Solo se oye una respiración entrecortada.

─¿Perdona? ¿Estás ahí?

─Como me saquéis de antena, la mato ahora mismo ─la voz se ha vuelto fría, como hipnotizada.

Alberto se queda mudo unos instantes. Vuelve a mirar a sus compañeros, tan desconcertados como él.

─Perdone, ¿cómo dice?

─¡Que la mato!

Alberto se pasa la mano por el cuello varias veces para indicar a los técnicos que corten. A través de los auriculares, el técnico de sonido le grita:

─¡Ni lo sueñes! ¿No has oído lo que ha dicho? Yo no corto; que decidan los de arriba. Y a mí me da que este tío no va de farol, Alberto, lleva cuidado.

A Alberto le sudan las manos, va a tener que arreglárselas él solo. Se levanta, da unos pasos, necesita tiempo para pensar. Respira profundamente y se vuelve a sentar. Va a cambiar de actitud:

─Perdone, amigo, pero si esto es una broma, creo que es de muy mal gusto.

Ha decidido abandonar el tono melifluo y aparentar seguridad. Al otro lado se oye el gemido impotente de alguien que parece amordazado.

─¿La has oído? Pues esta zorra es mi mujer y esta noche la voy a matar en directo. ¿No es eso lo que queréis, capullos? ¡Carnaza, para agilipollar al personal! Pues estás de suerte, tío, vas a tener carnaza y de la buena ─hace una pausa y se le oye beber de una botella.

─Vamos, cálmese. Seguro que podemos hablar...

─¿Calmarme? Yo estoy muy tranquilo. El que debe estar acojonado eres tú, ¡te ha tocado el gordo! Un asesino en directo. ¿Qué más quieres?

Una carcajada empapada de alcohol sobresalta a los que están en el estudio. El hombre está fuera de sí, ha perdido el control.

Desde el otro lado del cristal, el realizador del programa, que acaba de entrar, lo mira expectante. Siempre le anima a que alargue las conversaciones de temas morbosos y éste es el mejor que ha tenido desde que asumió la realización del programa ¡ni en sueños hubiera imaginado una llamada así! Baja y sube la mano; quiere transmitirle seguridad. Se acerca al micrófono, su voz suena a ambición:

─ Alberto, mucha calma. Estamos contigo. ¡Vamos, demuestra que eres un profesional, joder! ¡Esto va a ser una bomba! Pero tranquilo, lo vamos a solucionar, no te preocupes. Haz lo que sea, ¡pero que no cuelgue!

Alberto no puede evitar una mirada de desprecio hacia su jefe.

Se siente atrapado en aquel agobiante estudio, un cubículo insonorizado de dos por cuatro, en el que está solo y aislado. Nota cómo las gotas de sudor resbalan por su espalda. Tiene que encontrar la manera de calmar al hombre y hacerle desistir. Ese tío no está de broma, es capaz de hacerlo. Se aparta del micrófono un momento y respira hondo de nuevo.

─Bueno..., mire..., creo que debería reflexionar antes de tomar una decisión tan drástica. Le aseguro que a mí me da igual estar o no en antena. Ahora, esto es entre usted y yo.

─¿Qué? Te has acojonado, ¿verdad? Ese tono ya me va gustando más. Te escucho, ¿cómo vas a hacértelo para que no me la cargue? Mi mujer ya está muerta, ¡muerta...! ─una pausa, la voz se calma de nuevo─. Estaba muerta desde el mismo día en que me la jugó.

Alberto intenta desarmarlo:

─Bueno, si la va a matar de todas maneras, ¿qué más da que sea en directo o no? ¿Qué nos impide cortar la comunicación y dejarle que haga lo que quiera? ¡Se acabó el espectáculo!

─¡Ja...! Ni borracho como yo cortas tú ahora el programa... ¡Te voy a hacer famoso, imbécil!

El jefe de programas de la emisora acaba de irrumpir en el estudio. Su nerviosismo se mezcla con una excitación usurera. Lo mira con los ojos muy abiertos y agitando los puños le habla por el micrófono:

─¡No, Alberto! Dale cuerda, la policía ya está localizando la llamada. ¡Pero no lo pierdas, por tu madre, Alberto, no lo pierdas!

Qué hijos de puta... A él le importan un huevo el jefe, la emisora y toda esa patulea de mediocres. Lo único que le preocupa en ese momento es cómo convencer al hombre para que se entregue a la policía. Piensa unos instantes y decide cambiar de táctica.

─¡Vamos, hombre! Si una tía así no se merece ni que la mates. Lárgala, ¡que se quede en la puta calle! ─cree haber encontrado el tono─ ¡Que tenga que volver de rodillas a suplicarte! ¿No te das cuenta de que si la matas no podrás vengarte? ¡Déjala, que se pudra por ahí! Ya verás como vuelve, ¡y entonces será la tuya!

Silencio, solo un rumor de respiración agitada. Alberto no quiere parar, ese silencio es buena señal.

─¿No te das cuenta? ¿La vas a castigar matándola? ¿Qué castigo es ese? ¡Putéala el resto de su vida!

─Mira, tío. No me vengas con monsergas. He dicho que la voy a matar y la mato, ¡ahora mismo...! Para que lo oigan todos esos cretinos que te escuchan.

Continúa improvisando:

─¿Pero de verdad te vas a manchar las manos de sangre por esa ...? ¡Venga, tío! Y después qué, toda tu vida al carajo. Si te cogen, no sales en veinte años. ¿No te das cuenta? Entrégate, no seas gilipollas, aún estás a tiempo, no has hecho nada grave...

De pronto, al otro lado del teléfono se oye un fuerte golpe y gritos de ¡policía! Alberto se calla, escucha; no entiende...

─¡Eres un...!

Pero varios disparos no le dejan acabar la frase. Se oye caer su cuerpo y se corta la comunicación.

En ese momento introducen la sintonía del programa.

Alberto está desconcertado, todo ha sucedido en unos segundos. Mira a sus compañeros, que han empezado a levantarse suspirando de alivio.

El realizador entra exultante en la cabina y se dirige hacia él:

─¡Eres cojonudo, tío! ¡Lo has hecho de puta madre! ¡Mañana vamos a estar en primera plana!

Alberto se quita los auriculares y los lanza con rabia sobre la mesa.

─¡Sois unos cabrones! Casi lo tenía, ¡había empezado a ceder!

─Pero, tío, no te pongas así, joder. Ha sido la policía, nosotros no hemos tenido nada que ver.

─¿Que no? Y no hacíais más que decirme ¡no lo pierdas, Alberto, que no cuelgue! Eso es lo que queríais ¿no? ¡ASESINATO EN DIRECTO EN RADIO AMISTAD! Me dais asco.

Alberto se levanta, le mira fijamente a los ojos, su mirada es retadora. Se dirige a la puerta del estudio. Antes de salir, se vuelve y le dice sarcástico:

─Sí, lo he hecho tan de puta madre que mañana por la mañana te vas a encontrar mi dimisión encima de tu mesa. ¡Ah! Y esta noche tu programita que lo acabe otro. Yo, por fin, me largo de aquí. ¡Me van a llover las ofertas de trabajo! ¿Ves? De eso sí que me alegro.

─¡Alberto, por favor..., ahora no!

─¡A la mierda!

Y sale dando un portazo.

19 comentarios:

  1. Un placer Marta volver a leerte.
    Un historia muy bien planteada y con el único final que le podías dar.
    Me has hecho volver las vista atrás y recordar esos programas de radio a los que era tan aficionado y que toda la familia sentado a la mesa escuchábamos sin pestañear.
    Lo dicho MARTA...me alegro de volver a leerte y comprobar por la foto que estas hecha una belleza.
    Un besote preciosa.

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    1. ¡Fibo, cariño, qué alegría verte de nuevo por aquí! Muchas gracias poe pasarte y comentar. Me alegro de que te haya gustado la historia. Y gracias por tu piropo, que le subes a una la moral aunque no quiera. Luego iré a ver cómo están las cosas en el tuyo.
      Un beso

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  2. Antes que nada, me alegra saber que estás de vuelta, Marta.
    Sobre el texto, de alguna manera me resulta emparentado con el tema que en estos días nos tiene a todos en vilo. El uso de la fuerza, de la violencia para hacer valer lo que cada quien supone es justicia se ve catapultado por el poder de la difusión masiva que posibilitan los medios, las redes sociales. Hoy un loco es capaz de conmover en directo a un público que, tantas veces, consume esa violencia como entretenimiento y otras muchas, genera un ida y vuelta que genera más violencia aún. La impotencia que produce verse afectado directamente por esa barbarie lastima hondamente a la sociedad que a veces no encuentra cómo salir de ese círculo vicioso. ¿Qué hacer cuando sin quererlo uno se ve enredado en ese círculo de violencia? Cada quien decide cómo actuar, según se lo dicte su conciencia. En el caso de tu personaje, yo diría que optó por la salida más digna.

    Un abrazo

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    1. Hola, Neo. Gracias por pasar. La violencia va unida al ser humano, solo sobreviven los fuertes, los poderosos y los violentos. Utilizar la violencia para sobrevivir pasó a la historia, ahora es una manera más de exhibirse, utilizándola para demostrar quién puede ser más cruel. Las escenas de hombres y mujeres secuestrados a los que se les corta la cabeza y que las televisiones tienen las desvergüenza de mostrar, son el colmo de la pérdida del sentido común de los medios de comunicación. Cuánto más morbo, más audiencia. Ese era, como muy bien dices, el objetivo de mi relato. Muchas gracias por dejar tu comentario, Neo. Un abrazo.

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  3. Una buena historia de suspenso. Y con un final feliz por dos aspectos, se impide el asesinato de esa mujer. De la que no sabemos nada.
    Y el protagonista pudo decirles en la cara a los dueños de la radio, lo que pensaba. Y posiblemente consiga un trabajo en una radio mejor.

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    1. Gracias, Demiurgo. Sí, a pesar del mal rato que pasa Alberto, la casualidad le ha brindado, por fin, la posibilidad de abandonar un trabajo que le repugna. Pero el precio pagado ha sido muy alto, seguro que si hubiera podido, lo habría evitado.
      Un abrazo.

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  4. He leido tu relato y vuelvo de nuevo, una vez reposado. Me parece muy bien planteado, muy bien mantenido el tono durante todo el tiempo, Su ritmo creo que va creciendo a medida que la historia avanza. El tema muy actual como dice Neo. El final yo lo veo en la frase:De eso sí que me alegro. No se, creo que lo cierra muy bien, sin necesidad de dar más explicación, ya que has dejado muy clara su postura unas lineas más arriba. En fin Marta esta es mi humilde opinión, no se si te servirá de algo.
    Me gustó mucho, la verdad.
    Un abrazo.

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    1. Hola San. Por supuesto que me sirve, San. Con vuestros comentarios me doy cuenta de si he conseguido decir lo que pretendía. Porque en el relato breve es muy fácil que ocurra que uno piensa que su mensaje ha quedado claro y los lectores no lo percibís así. La opinión de los lectores es siempre interesante para quien escribe. Muchas gracias.
      Un beso

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  5. Marta, que bé que tornis a publicar relats. Ja veig que les emisores de radio tampoc no s'escapen de la fal·lera dels reality shows, sobretot televisius.

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  6. Hola, Loreto. Sí, he tornat perquè us trobava a faltar. Aquest reality és molt real, no com els que s'inventen les TVs per donar carnassa al personal. Encara que tot és possible...
    Petons

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  7. Mantiene, sí, mantiene la tensión hasta el final.
    Yo tal vez le habría dado un poquito más de diálogo con el presunto asesino...
    Y quitaría la última frase. Con ese "¡A la mierda!" creo que es más que suficiente, lo remata muy bien.

    Molt bé, maca!
    Petons!
    ;)

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  8. Hola, Edurne. Gracias por entrar y comentar. No eres la primera que me dice lo de alargar un poco el diálogo, lo revisaré. Lo del portazo lo he puesto como contrapunto a todo silencio en el que se desarrolla la historia. Dentro de la cabina solo se han oído las dos voces y algún sonido por el teléfono, pero Alberto debe limitarse a hablar en la más absoluta soledad y aislado del exterior. De todas maneras, quizás es cierto que el ¡a la mierda! es más contundente. Lo revisaré. Muchas gracias, Edurne.
    Molts petons, maquísima.
    (Me tienes que volver a decir cómo se dice en vasco y me lo apuntaré, soy incapaz de memorizarlo.)

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  9. Bueno el locutor supo aprovechar la incomodidad que llevaba dentro,por la rutina de su trabajo y sacarle provecho a estas dramáticas escenas que le a tocado vivir,sin que por ello no le falte la razon

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    1. Pues sí, Julio. Al final el mal trago le ayudó a dejar la emisora. Gracias por pasar.
      Un abrazo

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  10. Amiga querida, estos son mis deseos para este año 2015: Amor, Paz, Salud, Dicha, Prosperidad y sobre todo que nos mantengamos siempre unidos.
    Feliz año.
    Un abrazo desde Venezuela.
    (¯`v´¯)
    `•.¸.•´
    ¸.•´¸.•´¨) ¸.•*¨)
    (¸.•´ (¸.•´ .•´¸¸.•´¯`•-> SOYPKS

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  11. Jo, vaya tensión, y como siempre un final más que inesperado. Deberías plantearte recopilar estos relatos en un libro ¿has oído hbalar de createspace?
    Besos

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    1. Hola, Paco. Vengo de tu blog, de felicitarte por la publicación de tu libro de poemas MUY COMPROMETIDOS con los débiles, siguiendo tu manera ver esta sociedad que cada día nos aliena más. Ya tengo la versión kindle.
      De momento no tengo intención de recopilar ni publicar, me conformo con los poquitos que pasáis por aquí.
      Un fuerte abrazo.

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  12. Gracias, aunque no se si no habrá sido un atrevimiento muy precipitado, porque de la poesía siempre he dicho y lo mantengo, me pasa como con el vino, no entiendo me gusta o no me gusta, ni siquiera sé si lo que en ocasiones escribo se le puede llamar poesía, siempre lo he dudado, por ello esas interrogaciones que pongo en ocasiones ¿poesía? . En cuanto a tus relatos,valdría la pena, tú vales mucho, se te nota maestría y siento verdadera envidia por la forma en que escribes, y la envidia por mucho que digan que es sana, nunca lo es. Un blog se puede perder, un libro queda ahí. Un fuerte abrazo.

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  13. Gracias, aunque no se si no habrá sido un atrevimiento muy precipitado, porque de la poesía siempre he dicho y lo mantengo, me pasa como con el vino, no entiendo me gusta o no me gusta, ni siquiera sé si lo que en ocasiones escribo se le puede llamar poesía, siempre lo he dudado, por ello esas interrogaciones que pongo en ocasiones ¿poesía? . En cuanto a tus relatos,valdría la pena, tú vales mucho, se te nota maestría y siento verdadera envidia por la forma en que escribes, y la envidia por mucho que digan que es sana, nunca lo es. Un blog se puede perder, un libro queda ahí. Un fuerte abrazo.

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