viernes, 15 de mayo de 2015

REBELIÓN



El Autor se sienta a escribir. Saca una estilográfica Parker del bolsillo de su vieja chaqueta de lana, la abre, cierra los ojos e inclina la cabeza hacia atrás; luego la sube y suspira: ¡Vamos allá!, piensa.
 
 En los últimos días el Autor ha madurado una idea que le seduce, un nuevo reto. Considera, por tanto, llegado el momento de traspasar esas ideas al papel y de convertirlas en palabras. Para un autor es fácil dibujar personajes, lugares, situaciones, conflictos, intrigas... Todo fluye con obviedad cuando se trata solo de fantasear: los lugares son los idóneos para situar la acción; los personajes se muestran dóciles; las situaciones, la trama y el conflicto los considera de una lucidez indiscutible y el conjunto de todo ello lo imagina narrado con la voz precisa, la que requiere el tono del relato. De modo que nuestro Autor se dispone a trabajar con el ímpetu del que cree haber encontrado un diamante al que solo debe dar forma.
Pero pronto surgen los primeros contratiempos; habría sido pura quimera presumir que en esta ocasión no aparecerían:

─Te veo radiante. Intuyo que esa mirada absorta esconde una gran historia ─a la Antagonista le gusta ser la primera en conocer los pormenores de la novela. 
─Pues..., sí. Estoy pensando en algo nuevo, diferente. Voy a darle a este relato un aire de misterio, como de género negro, pero sin ser el clásico género negro. No sé..., lo estoy madurando todavía ─explica satisfecho el Autor.
─¡Vaya! ¿Una historia de polis y ladrones? ¡Qué decepción! ─la Antagonista tiene mal carácter.
─¡Pero qué ignorante eres! ─interviene conciliador el Protagonista.
─¡Ya salió el listillo!
─Te está hablando de misterio, no de polis. ¿Es que no sabes distinguir el “matiz”?
─¿El “matiz”? ¿Pero se puede ser más pedante? Que yo sepa, en todo género negro aparecen polis y ladrones, buenos y malos. En mi opinión, es el recurso fácil del escritor sin talento que está “seco de ideas” ─evita la mirada ofendida del Autor.
─Eso no es cierto ─interviene el Protagonista─, el género negro está muy cotizado, si es bueno, claro.
─Pues a eso iba yo. No todos los autores se pueden permitir escribir géneros tan..., tan específicos ─se reafirma la Antagonista.

El Autor replica, ya claramente enfadado:
─¿Acaso me crees incapaz de escribir un buen thriller? Además, he dicho “sin ser el clásico género negro”. Algo diferente, original.
─Siento interrumpir, ya sé que no es un tema que me concierna... quiero decir que no es el momento... o sea que yo... ─titubea la Voz.
─¡Pero habla de una vez! ¿Cómo es posible que seas una Voz tan insegura? ¡No avanzas, no avanzas, querida!
─Perdona, Antagonista ─corta el Autor─. La Voz me pertenece y, en todo caso, ese es un asunto entre ella y yo.
La Antagonista sube la cabeza y lo mira con desdén.
─Bueno, Antagonista, no vamos a desaprovechar todo el trabajo que ya tiene elaborado. Quizás esta vez sí sea original. Además, solo es una idea ¿no? ─dirige la mirada al Autor en busca de su complicidad.
La Antagonista, continúa, siempre en su tono impertinente:
─De acuerdo. “Supongamos” que es una buena idea. Hablemos entonces de los personajes.
La Voz se retira hacia un rincón, sabe que aquel no es su momento y ve acercarse el nubarrón.
─¿Voy a ser una poli buena o corrupta?
─Y ¿quién te ha dicho a ti que vas a ser la policía? ─se precipita el Protagonista.
─¿Y quién si no?
─¡Pues yo! ¿Dónde se ha visto que la Antagonista adopte el personaje del Protagonista?
─¿Y tú por qué das por hecho que el poli es el Protagonista?
─Bueno, porque es lo suyo.
─¡Lo suyo! ─se dirige ahora al Autor─: ¿Espero que no hayas escrito la clásica historia del poli retirado, alcohólico, que se dedica a seguir maridos infieles y de pronto aparece la chica, de la que se enamora, ofreciéndole la investigación de su vida?
─¿Cómo que escribir? ¡Si todavía no me habéis dejado escribir una palabra! No he podido ni explicaros mi idea y ya estáis enfrentándoos.
Aunque bien mirado, ese es el objetivo, piensa el Autor. Duda solo unos instantes:
─¡A ver si os queda claro de una vez que aquí el que decide soy yo!
El Protagonista mira al Autor, pero calla. La Antagonista sigue retándolo:
─Vale, de acuerdo. Tú mandas. A ver, cuéntanos esa genial idea que has “elaborado”.
─Oye, conmigo no te pongas insolente porque te elimino del relato de un plumazo ¿eh? Y nunca mejor dicho. Que ya estoy un poco harto de que siempre os tengáis que inmiscuir en mi trabajo.
Se hace un breve silencio.
─Si quieres, podemos empezar por la Voz, ella es más... más... menos rebelde, quiero decir. Voz, ¿tú qué opinas? ─pregunta el Protagonista para suavizar la tirantez del momento.
La Voz se acerca a ellos. Mira al Autor:
─Túuu... ¿cómo lo ves? Quiero decir que..., si quieres que el narrador sea el Protagonista..., es decir, que ya sabes que no soy indispensable..., está el narrador interno..., ¡aunque, por supuesto, me encantaría participar!
─No me extraña que prescinda de ti tan a menudo. Tienes una inseguridad patética ─le dice la Antagonista.
La Voz, baja la cabeza y se retira. ¡Cómo me gustaría poder contestarle a esa imbécil como se merece!
El Protagonista interviene, conciliador:
─¿Y qué os parece si le damos un tono más..., más... de suspense?
─¿Pero a qué viene eso? ¡Es evidente! ¿Ves como eres un ignorante? El suspense va unido al thriller. Todo buen relato de género negro debe crear una gran tensión narrativa.

El Autor comienza a exasperarse:
─¡Pero si todavía no lo tengo decidido! ¡No me dejáis pensar! ¿Cómo voy a escribir así? Veamos, he “propuesto”, que no quiere decir “decidido”, un tema al “estilo” del “género negro”. Que no significa ni historia de polis y ladrones ni de investigadores alcohólicos. Parece mentira, la cantidad de relatos que llevo escritos con vosotros y todavía seguís considerándome un principiante. La verdad es que me decepcionáis, ¡y mucho!

Los tres callan y lo miran. Saben que esta vez se han excedido. Siguen en silencio. Esperan a que el Autor se calme.
La Voz se siente obligada a opinar, ese es su terreno:
─Es que... esa voz a mí se me da fatal... o sea, que el suspense no es lo mío... es difícil...
─¿Y para qué estoy yo? ─se enfada otra vez el Autor─ ¿Es que os pensáis que mis relatos los escribís vosotros? ¿No os dais cuenta de que sin mí no sois nadie?
─Y tú sin nosotros, tampoco ─replica en voz baja, pero audible, la Antagonista.
─Mira, Antagonista, no te pongas impertinente porque sabes perfectamente que TÚ también eres prescindible.
─¿Cómo que prescindible?
El Protagonista sonríe maliciosamente, pero calla.
─¿Tú de qué te ríes? ¡Sabes que puedo hacer que las pases muy putas si me pongo a joderte, imbécil!

La Voz vuelve a su rincón. Prefiere esperar a que las aguas se calmen. Hoy el río viene muy revuelto, piensa.
─Y tú sabes perfectamente que donde no hay Protagonista, no existe Antagonista. Dependes de mí, quieras o no ─el Protagonista mantiene el tono de sorna.
─Y los dos de mí ─corta en seco el Autor─. Así que dejad ese tema porque ahí no tenéis nada que decir.
─Bueno, yo no estaría tan segura ─la Antagonista no cede.
─¿Cómo has dicho?
─La verdad. Los escritores os creéis que todo lo hacéis vosotros, pero sin nosotros, no sois nada.

Esta vez el Autor se siente realmente indignado, desautorizado.

El Protagonista y la Voz se han quedado inmóviles, mudos; miran expectantes al Autor. Era habitual que la Antagonista se pusiera insolente, pero nunca hasta esos extremos. Me temo que esta vez, Antagonista orgullosa, has traspasado todos los límites y vas a arrepentirte de lo que has dicho, piensa el Protagonista.

De nuevo un silencio, más largo, más tenso. El Autor cierra la pluma Parker con la que se disponía a escribir y se la guarda en el bolsillo de su vieja chaqueta de lana. Da un largo y profundo suspiro, pone el codo sobre la mesa y se sujeta la cabeza con la mano. Ni una palabra. Pasan unos minutos. 

Al fin, se dirige a ellos:
─He tomado una decisión. Después de esta desagradable conversación, voy a escribir el relato en primera persona, lo que quiere decir que el narrador será uno de los personajes y, esta vez, un personaje secundario. Lo siento por ti, Voz, eres la única que me respeta.
─No..., si yo..., ya sabes que me adapto a lo que convenga. Tú eres el Autor, eso es indiscutible.
─Me reconforta tu lealtad.

El Protagonista y la Antagonista miran al Autor: saben que ha llegado su turno. Después se miran entre ellos y de nuevo al Autor.
─En cuanto a vosotros, me tenéis harto. De ahora en adelante, voy a cortar radicalmente cualquier intento de interferir en mi trabajo. YO decidiré. Así que en este relato, además de que el narrador sea un personaje-testigo, no habrá ni protagonista ni antagonista
Los dos se miran sorprendidos. ¿Un relato sin protagonista ni antagonista?
─Y no hay discusión. Esta vez os quedáis al margen. No habrá un personaje protagonista con un conflicto, sino un conjunto de personajes que compartirán un mismo conflicto y que ellos mismos resolverán. Estoy harto de vuestra rivalidad, de vuestro odio, de vuestras ofensas. Me da auténtica vergüenza haber creado unos personajes tan desleales e insidiosos. Voy a introducir muchos cambios, y el primero será que no os voy a dar nunca más la palabra. Seré yo quien decida quién y cómo seréis, cómo y cuándo os enfrentaréis, cuál será vuestro conflicto y cómo lo resolveréis.

Eso ya lo veremos, murmura la Antagonista mientras se aleja.







13 comentarios:

  1. Hola a todos, amigos y seguidores del blog. Movistar nos ha tenido más de un mes sin teléfono ni conexión a internet, como os decía en mi anterior entrada. Ha sido realmente un problema. Es increíble comprobar hasta qué punto dependemos de la red.
    Bueno, os traigo mi último trabajo y espero que os guste o, al menos, que lleguéis hasta el final.
    Un fuerte abrazo para todos.

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  2. Aprovechando la temática del relato, me gustaría que comentarais aquí vuestra experiencia como autores, en relación a los personajes. ¿Creéis, como la Antagonista, que nuestros personajes pueden tener vida propia? Es algo que a mí me ocurre con frecuencia, a pesar de tener más o menos dibujados los personajes de un relato y de saber hacia dónde quiero dirigir la historia, me ocurre a menudo que algún personaje, normalmente el protagonista, ha derivado hacia un camino que yo no tenía previsto. Para mí es una experiencia casi mágica. Es como si, de pronto, el personaje tomara sus propias decisiones y prescindiera de mi planteamiento inicial.
    De esa circunstancia me he inspirado para escribir este relato.
    ¿Os ha ocurrido alguna vez?

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    1. En primer lugar me alegro que hayas regresado, es un placer leerte, aunque la pena es que estos magníficos relatos no terminen en un libro. Me ha ocurrido lo mismo que a ti, he publicado un comentario y ha desaparecido, así que ahora lo escribo en Word, copio y pego.
      Sobre lo que propones, por supuesto que me ha ocurrido. Mi novela que ya está a punto de ver la luz, nació hace más de veinte años y me quedé atascado, abandonándola en una maleta el sótano de mi casa. Hace tres años sacamos una conversación sobre el tema que tu planteas en el relato, un amigo mío y yo, él me dio la solución.
      —Transfórmate en Rosa Lía.
      Rosa Lía fue un seudónimo que utilizada para meter caña y animar el ambiente en los foros manchegos contra el ATC de Villar de Cañas. Vaya que si metía caña y animaba, de hecho recibí a partes iguales proposiciones deshonestas, piropos, críticas e insultos, casi a partes iguales.
      Y eso hice, le cambie el título y pasé a narrar en primera persona, convirtiéndome en Teresa Panza, metiéndome en su piel, pero a la vez siendo Rosa Lía y Paco Arenas, tele transportados al siglo XVII. Disfrute una barbaridad escribiéndola.
      Y es que como decía mi madre, si uno quiere sacar la faena adelante hay que meterse dentro de la faena.
      Un fuerte abrazo y muchas gracias por estar ahí.

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    2. Gracias, Paco, por tu visita y tu comentario. Pues si has vivido esa experiencia, habrás comprobado que es muy interesante e incluso gratificante para nosotro y supongo que para el personaje también, pues al fina, se sale con la suya. Ya tengoganas de ver ese libro publicado.
      Un fuerte abrazo

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    3. Supongo que ya estará impreso
      Yo estoy con los nervios a flor de piel
      Un fuerte abrazo

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  3. Muy buena forma de presentar una temática, querida Marta, de manera literaria.
    Hay tantas cosas para decir. En primer lugar, creo que cada uno tiene sus trucos, sus modalidades, sus diferencias, por lo que es difícil hacer teoría sobre la creación artística, apenas puedo hablar por mí, aunque, te aseguro, desde hace un par de años estoy muy metido en este tema teórico o filosófico de saber qué es arte o creación artística.
    En lo personal, tengo una idea fugaz de una situación que siempre nace de una frase, esa frase casi siempre termina siendo el título, con lo cual podría decir que el título me dicta el escrito. Luego todo se vuelve caótico hasta que las piezas van acomodándose poco a poco, pero no de la manera que lo imaginaba yo, sino como la propia escritura lo fue definiendo. Hay relatos que, después de releerlos, ni siquiera puedo reconocerlos como míos, no tengo idea de cómo fui a terminar allí. Creo que los personajes tienen cierta independencia, pero muchas veces yo capto su esencia y la exagero para aprovechar ese diamante en bruto que ni ellos saben que son. Hay un personaje en particular de un texto mío que hasta hoy me emociona, que me parece absolutamente independiente y libre de lo que yo decida.
    En relación con el tema de narrador, personaje y blablablá, podría ser condescendiente, pero NO es este espacio. El lector que confunde al autor con el personaje, incluso con el narrador es porque no tiene la capacidad de hacer una pausa en su sistema de realidad para dejarse llevar por la ficción. Antes me enojaba, ahora me da risa. Muchas veces quieren solucionarlo diciendo que es "gracias" a la capacidad de uno de lograr que se metan tanto en la historia que confunden estos planos, pero no, eso es falso, lo confunden porque, o bien no pueden hacer el ejercicio de entrar verdaderamente en la ficción (vaya incapacidad), o bien porque creen que todos escribimos los que nos pasa en la vida real (una estupidez atómica), o porque están acostumbrados a blogs, libros, etc. de personas que nos cuenta lo que les "sucede" cuando llueve, por ejemplo, y creen que todos escribimos solamente cuando hace frío y una gota de lluvia se desliza por el vidrio de la ventana (inocentes).
    Me voy porque me enojé, ya sabes, soy así. Pero no contigo, sino con mis propias palabras, debería ser más social, más hipócrita.
    Un beso enorme, Marta.
    HD

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  4. Querido Humberto. Gracias por pasar, comentar, explicarnos tu experiencia personal y darnos tu opinión sincera. Las cuatro cosas son importantes para mí y te las agradezco muy especialmente. Ese es el tipo de intercambio que me gustaría encontrar en mi blog. Aunque sé que es un sueño, y más en los tiempos que corren, no desisto. No sé si has leído lo que digo al inicio de esta Segunda Etapa del blog, pero te aconsejo que lo hagas, allí he dejado mi “declaración de principios”.
    http://relatosmarta.blogspot.com.es/2015/01/cierro-una-etapa.html
    No hace mucho que entré en este mundo del blog, pero en este corto tiempo ya he sido testigo de una evolución que nunca me ha gustado. Recuerdo que, cuando lo inauguré en la etapa anterior, recibí dos consejos: que si quería tener muchos seguidores, escribiera textos más cortos. Me quedé “patidifusa”. (RAE: 1. adj. coloq. Que se queda parado de asombro). ¿Debía yo adaptarme a las exigencias de mis posibles lectores y no al revés? ¿Era una broma? La segunda fue que, si quería que la gente me leyera, no escribiera textos demasiado abigarrados, que procurara hacer párrafos cortos para no dar la sensación de que el texto era demasiado largo. Otros me hablaron más sutilmente de la “tradición bloguera” de los textos cortos. Por supuesto hice caso omiso: yo, en mi blog, publico lo que me da la gana, el que no tenga tiempo o/ni interés suficiente para leerme pues que no venga. Me temo que hay gente que confunde blog con twitter Creo que tengo la suerte de tener pocos lectores –bueno, lectores no lo sé porque no los cuento–, en todo caso, personas que me leen y me comentan, pero son de calidad y con eso me basta.
    Me parece muy interesante tu experiencia, partir de una frase que se acaba convirtiendo en el título y que es la que desencadena la idea, digamos. Esa idea primigenia que creemos cerrada, completa, inamovible y que, como dices, cuando la releemos, tenemos la sensación de que ha sido otra mano quien las ha escrito. Tengo un relato sobre ese tema, que ya publiqué, pero quizás lo recupere porque plantea ese extrañamiento que, a veces, sentimos hacia nuestros propios textos. Ahora entiendo lo que te decía en mi comentario, la importancia del título en tus relatos: muchas veces en él está la clave del relato. A mí no me suele ocurrir porque me cuestan los títulos y los cambio ochenta veces. En este mismo relato, en el segundo párrafo, planteo ya un primer paso en ese extrañamiento o enajenación. En el proceso de convertir las ideas en palabras y las palabras en un texto ya nos alejamos necesariamente de la idea inicial. ¡Qué felices seríamos si encontráramos siempre las palabras que se ajusten a la idea y que con esas palabras construyéramos un texto que expresara la idea que creíamos tan “genial”! Sin embargo, eso que nos ocurre a casi todos, el que la historia y los personajes vayan tomando su propia entidad y se desvíen de nuestro camino es, para mí, tremendamente enriquecedor. Supongo que para todos. En ocasiones, llegamos a encontrar un relato nuevo, otro diferente al que queríamos escribir, por eso digo que es una experiencia mágica.
    Me gratifica enormemente que no quieras ser condescendiente. Eso es lo que espero de mis lectores. (Sabes que los lectores hipócritas, aquí no tienen buena prensa). Sabes que comparto totalmente tu opinión y además en este blog tienes permiso para enojarte cuando quieras y como quieras. Es un espacio de libertad en el que, como dices en el tuyo, se puede incluso insultarme gratuitamente. Hasta ahora no me ha ocurrido, pero tampoco me importaría.
    Gracias, Humberto. Ojalá todos los comentarios fueran como el tuyo.
    Te dejo un enorme beso.

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  5. Puedo sumar mi experiencia de lector y espectador. Y lo demiurgo es porque si un escritor puede crear su propio mundo, entonces soy un ser imperfecto, un demiurgo.
    Me parece que El Autor tiene que escuchar más a los personajes, no pretender ser original, en represalia de los personajes. Y la idea del detective borracho que se enamora de la sospechosa me gusta. Esta idea está bien utilizada en La maldición de los Dain, en que el detective protagonista, personaje narrador, está fascinado por Aaronia Haldorn, una femme fatale, con voz musical y seductora. A quien además el detective rescata una vez, con algún papel en alguna conspiración. Y en los comics, no es raro que haya una atracción entre El Protagonista y La Antagonista.
    Me gusta La Antagonista, me gusta como lo trata al autor. Me gusta su personalidad.
    Me recuerda a Mara Laira, personaje de mi blog, muy popular, seguramente más que yo. Y me parece bien que así sea.

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    1. ¿Por qué el demiurgo es un ser imperfecto? Yo lo veo más bien como un ser "ordenador" del caos de la materia. Además ese orden está basado en sus ideas. ¿De dónde viene su imperfección?
      Vaya, o sea que tú eres de los que les gusta "el malo". La rebeldía es siempre una manera de no aceptar lo establecido de querer revertirlo y esa siempre es una difícil empresa. Y lo del detective borracho y fracasado es un tema recurrente en la literatura negra. Lo cual no impide que si está bien tratado deje de ser un tópico y se convierta en algo original. En realidad, en la literatura (y en el cine) todo está dicho. Lo difícil, lo importante es decirlo "de otra manera", aportar una nueva visión. Esa sería la tarea de los nuevos escritores.
      En cuanto al relato y a la postura del Autor, te doy toda la razón, es más, estoy de acuerdo con la Antagonista cuando dice al final ese "ya veremos", Es cierto, un autor debe, como dices, escuchar a sus personajes. Precisamente eso es lo que planteo en mi pregunta. A casi todos los que escribimos (huyo premeditadamente de la palabra escritora, me causa demasiado respeto), nos ocurre que los personajes se hacen a sí mismos a medida que avanza la historia, los papeles que el autor les ha asignado pueden intercambiarse y todo ello, necesariamente repercute en la historia, que, como dice Humberto, cuando la releemos, tenemos la impresión de que no la hemos escrito nosotros ¿quién entonces? ¿nuestro inconsciente, nuestra imaginación, nuestra rebeldía (que traspasamos a los personajes)? Puede haber mil razones, pero ocurre y muy a menudo. Es una de las magias de la escritura.
      Conozco a Mara Laira, creo que es un personaje muy especial, como tú, Demiurgo.
      Un abrazo.

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  6. Con el entusiasmo, se me olvidó lo que iba a comentar. Y es una mención a Once upon on time, que reune a los personajes de los cuentos de hadas en una misma historia. En que la Reina Malvada irrumpe en el casamiento de Blanca Nieves y el Principe Encantador, para anunciar una maldición, de desterrarlos a un mundo terrible, un mundo...como este, donde son Regina Mills, Mary Margaret y David.
    Regina Mills resulta ser más atractiva, toda una mujer fascinante y menos una malvada que una mujer que busca su final feliz. Mientras que Mary Margaret y David muestran un lado muy desagradable, aunque dicen que son heroes. Para liberar a su hija, La Salvadora, tranfieren su oscuridad a la hija de Maléfica. Lo curioso que esa inversión de roles se debe a El Autor, uno de los que ha heredado la función de registrar las historias. Sólo que su ambición, resentimiento, lo lleva a cambiar las historias, para hacerlas más a su criterio. Lo que en algún momento hace que sea castigado, siendo atrapado dentro de un libro.

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    1. No he visto la serie ni conocía de qué trataba. Pero, por lo que me cuentas, me parece todo un logro. Supongo que lo comentas como ejemplo de Autor que "manipula" las historia y recibe su justo castigo. Muy interesante. ¿Está basada en algún libro? Pero en este caso, son historias que ya existen y el Autor quiere modificarlas, no es lo mismo que cuando a un autor se le rebelan sus propios personajes.
      Es posible que me anime a hacer más relatos con los personajes de este, poniéndolos en diferentes situaciones. Ya veremos si me inspiro.
      Muchas gracias por esta interesante aportación al tema, Demiurgo.
      Otro abrazo.

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  7. Mucho tiempo Marta sin leerte, se te extraña, espero que pronto llenes de palabras tu espacio.
    Te deseo una muy Feliz Navidad, que la paz y el amor te acompañen siempre.
    Un abrazo.

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  8. Hola, San. Te agradezco mucho que todavía te acuerdes de mí. Estoy totalmente inactiva a causa de mi salud. Me encantaría mantener el blog activo, pero debo priorizar y gestionar las poquitas fuerzas -físicas y anímicas- que me quedan para otros menesteres. Sigo escribiendo porque eso ya nunca podré dejar de hacerlo, pero me es imposible mantener activo el blog y corresponder a las personas que me visitáis. Me resisto a cerrarlo porque no quiero cerrarme del todo la posibilidad de volver algún día.
    Un beso muy fuerte, San. Yo también te deseo que la paz y el amor te acompañen siempre,
    Marta C.

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